ANTES CUIDABA QUE LOS DEMAS NO HABLARAN MAL DE MI Y ME PORTABA COMO LOS DEMAS QUERIAN Y MI CONCIENCIA ME CENSURABA..AHORA SOLO SOY FELIZ...

Scarlet Fever
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LABIOS DE HOMBRE



ACERCAME A TUS LABIOS

Acércame tus labios
que quiero yo, besarlos
y siente así los míos
tibios, dulces, con nuevos bríos.

Acércame tus labios
y aquí en mis oídos
susúrrame mil cosas
hasta volverme loca.

Acércame tus labios
deseo acariciarlos,
con mis dedos,
y besarlos...y besarlos, y....

Acércame tus labios
y en locos desvaríos
te diré una y mil veces
cuanto te quiero,
porque aun son míos.

Acércame tus labios
penetraré en tus sentidos
con todo el amor que tengo
porque ya no me contengo.

Acércame tus labios
para borrar de ellos
todos cuantos has besado
para sentirte así...embelesado.

Acércame tus labios
que ya no puedo mas!!!!
voy a morir en tus brazos,
extasiado, besándote mas y mas !!!!

Acércame tus labios
y hazme olvidar el tiempo
que pedí para untarlos...
con mi sangre y mis talentos.

Acércame tus labios
no me hagas esperar....
para besarlos y besarlos
por toda una eternidad....!!!!!

ALMA




"ALMA DE AMOR QUE VELA Y SE SEPARA VACILANDO, Y AL FIN SE ALEJA TIERNAMENTE FRIA"


Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.


Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.



Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.


Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

- Alfonsina Storni-

ATRACCION POR LO PROHIBIDO



A todos nos ha pasado alguna vez eso de que nos diga, por poner un ejemplo, "de esta habitación puedes tocar lo que quieras, menos abrir esa puerta del fondo".

De pronto la puerta, que en circunstancias normales nos habría parecido sólo una puerta, pasa a ser el objeto de nuestro deseo, sencillamente porque está prohibida.

Sentimos esa inquietud, esa atracción apremiante que nos empuja a querer abrirla por encima de todo. Es inevitable, lo sabemos, vamos a abrirla, no podemos pensar en otra cosa, somos así (la gran mayoría) demasiado fáciles de tentar. Queremos aquello que no podemos tener. Lo peor de todo es que generalmente, cuando lo hemos conseguido, perdemos todo el interés.


¿A qué viene todo esto?, pues que hoy me apetecía hablar de mi vecino de enfrente, ese que está tan bueno, pero que tiene un pequeño defecto, está casado.


Últimamente no hago más que verle, parece que lo haga a propósito. Yo que me resisto y me digo a mi misma "no te líes que no te conviene" pero ahí está él, cada día más guapo.


Lo peor de todo es cuando me encuentro con la mujer. Siempre está sonriendo, es muy agradable. Nos metemos en el ascensor y en el trayecto me habla de cualquier trivialidad como por ejemplo del tiempo, mientras yo asiento a lo que dice y por dentro voy pensando en como me gustaría pegarle un buen mordisco a su maridito... Incluso me siento un poco culpable.

Menos mal que aún no se ha inventado una máquina capaz de leer los pensamientos.


Supongo que como dicen "a falta de pan buenas son tortas" y por eso me siento atraída por el vecino, porque últimamente no hay nada mejor a mí alrededor y si apareciera un tío interesante dejaría de pensar en él. O quizá simplemente es eso de lo que hablaba al principio, algo que no puedo tener y que precisamente por eso deseo con todas mis fuerzas.


Cómo me gusta complicarme la vida a veces... En fin, espero que al final todo quede en nada y no acabe cayendo en la tentación.

http://erika-blog.lacoctelera.net/post/2008/11/14/la-atraccion-lo-prohibido


En su libro Los siete pecados capitales, Fernando Savater cuenta el caso de un apasionado por el chocolate caliente. Mientras lo saboreaba, acostumbraba a suspirar: "Está riquísimo. Lástima que no sea pecado". ¿Por qué no existe mayor atracción que lo prohibido?

La necesidad de transgredir. Dos rasgos motores de nuestra condición humana explican ese afán por lo vetado: la curiosidad y la libertad. La primera es uno de los factores que explican la formidable evolución de nuestra raza en la dimensión racional. Por otro lado, tenemos la tendencia natural del hombre a la libertad. Incluso el príncipe Segismundo de La vida es sueño, encerrado desde que nació en una prisión, anhela una libertad que no conoce, pero le es revelada por su propia condición de humano. Estos factores explicarían de modo natural nuestra necesidad de transgresión.

Desde niños, las figuras de autoridad nos indican de modo explícito e implícito los límites. Psicológicamente, el ser humano tiene la necesidad de "superar al padre". En lo social, las personas necesitamos experimentar los desastrosos resultados que suponen ciertas actividades prohibidas para aceptar por voluntad propia que esa prohibición es realmente desdeñable.

Los riesgos de prohibir. ¿Va alguien a aceptar unos límites sencillamente por la recomendación de un adulto? No se convencerá del todo hasta que no lo experimente por sí mismo. Como padres, sabemos que esa experimentación es necesaria, pero arriesgada. ¿Cómo actuar? No hay nada peor que prohibir tajantemente. En 1933, el Senado de Estados Unidos derogó la Ley Seca que prohibía y castigaba la fabricación y venta de bebidas alcohólicas. Entre otros motivos, había aumentado en más de un 10% el consumo de éstas.

Experimentar lo prohibido para olvidarlo. Oscar Wilde escribió que la única forma de vencer una tentación es dejarse arrastrar por ella. Un amigo mío, sacerdote, me explicó el caso de una mujer casada, con un hijo, que se enamoró de un compañero de oficina. Fueron amantes. La mujer pensó que lo mejor era separarse y se lo explicó a este sacerdote. Su recomendación fue la de no romper con su marido. Aquel amante tenía tantos defectos como su marido. El sacerdote promovió la llamada terapia estratégica. Forzar a experimentar con lo prohibido para que la brecha entre idealización y realidad se disipe.

¿Cómo eliminar entre nuestros hijos la atracción por lo prohibido sin inducirles a peligros?
La solución es hablar de cualquier asunto con naturalidad. Tengo un amigo a quien su hijo le dijo con 15 años que no pasaba nada por tomar drogas. Mi amigo, en lugar de discutir, le condujo a un centro de rehabilitación de drogadictos. Su hijo habló con algunos internos a solas y el padre no tuvo que argumentar nada. Su hijo abandonó las drogas que estaba empezando a consumir. Hoy es ingeniero de puertos y caminos.

Fernando Trías de Bes es profesor de Esade, conferenciante y escritor


http://www.elpais.com

aún
hay una dualidad en el otoño
como la que a veces tienen
nuestras vidas
nos mostramos al mundo muy seguros
y dejamos que las hojas
caigan en silencio
somos precursores de una helada estación
y aún guardamos el calor de lo pasado.

NO EVADAS LOS SENTIMIENTOS


“No llores por él/ella, no vale la pena”, “No se merece una lágrima tuya”, “No llores, sé fuerte”, “No estés triste”, y muchas expresiones mas nos han aconsejado en el tiempo, como si llorar, estar triste, o sentir un dolor en el alma fuera un regalo a la persona que nos hizo sentir “algo dentro de nosotros”.

Muchas veces, cuando sentimos un dolor en el alma, nos hacemos los fuertes y guardamos ese dolor, estancamos nuestro sentimiento y mantenemos ese dolor por días, meses, años, o por toda la vida.

Somos seres sensibles, la sensibilidad es parte de nosotros, y si no la dejamos fluir, esa sensibilidad se queda estancada, se descompone dentro de nosotros, nos produce intolerancia, enojo, depresión, inseguridad y hasta la enfermedad física.

¿Por qué tengo que aguantarme las ganas de llorar? ¿Por qué tengo que secarme mis lágrimas, encoger mi alma y mostrar una sonrisa forzada? ¿Por qué tengo que esconder lo que siento, si lo que siento es mío y puedo hacer de mi sentimiento lo que sea mejor para mí?

Aprende a sentir, a llorar cuando desees llorar, a sentir tristeza cuando quieras sentirte triste, a sentir dolor en el alma cuando así lo sientas. No evadas tus sentimientos, esos son tuyos, los recibiste como un don de la vida, utilízalos para limpiar tu alma y seguir adelante.

“No llores”, “No estés triste”, son consejos aprendidos para “no perder la dignidad” según la sociedad, pero según tu alma, acepta el sentimiento que está viviendo dentro de ti y déjalo fluir. No es necesario que los demás sepan que estás llorando, que estás triste, que estás deprimido, que te está doliendo “algo” dentro de ti, sólo lo necesitas saber tu, como un secreto contigo mismo, un secreto de sanación interior.
"LLORAR ES LAVAR EL ALMA"

ANALIZANDO LOS SENTIMIENTOS

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Al basar las relaciones humanas en la filantropía, el intento se frustra al aparecer la vanagloria, es decir, porque las ganas de quedar bien son alimentadas al recaer sobre uno mismo la benevolencia. Además, de las comparaciones entre sujetos humanos surge la envidia, la cual hace imposible la convivencia. La envidia es un sentimiento tan negativo que lleva al homicidio. Es el caso de Caín y Abel. La envidia de Caín a Abel le llevó a cometer el primer asesinato que registra la Biblia. Cuando Dios se dirige a Caín y le pregunta por Abel, Caín le contesta: "¿Acaso soy el guardián de mi hermano?". En esta reacción se nota que el cariño entre hermanos, una forma alta de filantropía, ha sido sustituido en Caín por otro sentimiento completamente dispar.


Si esto es así, la pretensión de guiar la vida de un modo elevado y honesto, con sentimientos positivos, no es capaz de aguantar la pluralidad humana. Si todos los hombres pretenden ser filantrópicos, el rendimiento social de ello viene a ser completamente negativo. Por consiguiente el rendimiento moral de los sentimientos positivos es nulo, más aún, contradictorio: se trueca en su contrario. De aquí se concluye que uno no se puede fiar de sus sentimientos, puesto que cuanto más profundos son más se modifican según una dinámica dialéctica. Por eso Adam Smith en su Tratado de los Sentimientos Morales, dictamina que la filantropía sólo se puede vivir de un modo muy matizado, así por ejemplo, si a algún conocido se le ha muerto su padre, lo propio de un amigo filantrópico es que vaya a darle el pésame, con la intención de compartir su sentimiento. Sin embargo, como es obvio, su sentimiento de pesar es inferior al del huérfano, por lo cual concluye Smith que aquel a quien se le ha muerto su padre tiene que ser muy parco en su manifestación de dolor, ya que no puede pretender que el amigo lo experimente con la misma intensidad que él.



En suma, para vivir filantrópicamente hay que manifestar el propio dolor de una manera moderada, y el que lo sufre directamente no puede desahogar su dolor profundo, sino que tiene que manifestar su propia manifestación de dolor ante el que le demuestra su simpatía filantrópica. Así pues, la filantropía pasa a ser -al margen de que se transforme en vanidad y envidia- frialdad sentimental. Si el amigo no experimenta demasiado dolor por la muerte del padre de otro, este último también debe darse cuenta de que el sentimiento de aquel es débil, por lo que también ha de mostrarse parco en su manifestación de pena.


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En definitiva, la mostración social de los sentimientos debe ser muy tenue, lo que se corresponde con un cambio del carácter de los ingleses, por eso la moral sentimental escocesa fue sustituida por lo que podría llamarse frialdad emocional. Si uno consulta la historia de Inglaterra, se da cuenta de que en los siglos XVI y XVII los ingleses eran apasionados. Pero la idea de que la moral se basa en los sentimientos conduce en definitiva a la frialdad. Por tanto, hay también una especie de conflicto entre el modo de comportarse y los sentimientos internos. Es notorio que en Inglaterra del s. XIX la moral victoriana implica la escasez en la manifestación de los sentimientos.



De este conflicto entre el estado sentimental interno y la manera de comportarse, comporta que los sentimientos profundos no pueden ser guías del comportamiento humano. A esta conclusión Adam Smith añade otra. En efecto, si la filantropía no es la base de la convivencia ni de la conducta humana, hay que sustituirla de inmediato para poner también coto a la envidia. Esto significa que la conducta humana debe ser guiada únicamente por el propio interés. De aquí surge la teoría del libre mercado, una noción ya desarrollada por Adam Smith. Conviene organizar la vida social eliminando los sentimientos y sustituyéndolos con las leyes del mercado, sólo así cabe esperar el logro de la armonía social. En conclusión, la teoría del libre mercado se inscribe en la convicción de Smith de que es imposible basar la vida social en los sentimientos. La famosa "mano invisible" de Smith sólo se entiende si esa mano no es sentimiento alguno.



Sin embargo, en nuestros días se apela a los sentimientos porque se consideran que son lo más vital, lo más interior, que hay en el hombre. Si el hombre tiene que guiarse por los sentimientos, ello se debe a que es la única vía que resta después de la crisis de la inteligencia y de la voluntad. Ahora bien, guiarse por los sentimientos equivale a dejarse conducir por aquello cuyo desencadenamiento no somos capaces de conducir, por eso, de la moral sentimental siguió la moral victoriana contemporánea con la frialdad emotiva de la burguesía de negocios, después de esta última, el sentimentalismo actual comporta que el hombre se atiene a lo que le gusta y evita lo que le disgusta. Esta es la moral hedonista que se guía por la búsqueda de lo que agrada. Este tipo de moral lleva consigo una disminución de objetivos, porque los bienes meramente placenteros no son los más altos. Si la filantropía terminó en la frialdad sentimental y en el cálculo de intereses, al final, la moral del placer es la fórmula de conducta de intensidad más baja. Con esto se responde a la pregunta inicial.

La moral hedonista inhabilita al hombre para su forma de vida más alta, más íntima, que es la donación de sí. Dejarse conducir por los sentimientos lleva a una vida superficial que prescinde de los altos objetivos. La consecuencia de ello es la sociedad de consumo, que se atiene a los sentimientos más sensitivos, es decir, los que tienen que ver con el comer o con los placeres sexuales. A estos sentimientos, la filosofía antigua los llama pasiones del alma, acontecimientos de la vida humana que son superficiales, hasta el punto de que guiarse por ellos únicamente elimina el ethos. Etica viene de ethos, como moral de mos (mos y ethos significan prácticamente lo mismo en griego y en latín).




Los anuncios de la televisión muestran especialmente lo agradable y lo que desagrada. Se anuncia un buen carro, una buena cerveza. Ahora bien, si lo más importante en la vida son las emociones volátiles que comporta la cerveza o elegir entre el whisky y la ginebra se pierde la profundidad vital, y es imposible que el hombre se conduzca a sí mismo.



Después de esta breve historia de los sentimientos en la época moderna, y de la conclusión de esta historia en la sociedad de consumo, en la que están inmersos los países industrializados y que parece ser la aspiración de los demás, la única consecuencia posible es que no nos podemos conformar con ello. No podemos compartir el ideal de ganar dinero a gran velocidad, precisamente para poderse retirar cuanto antes y dejar de trabajar, dedicándose simplemente a la dolce vita, como dirían los italianos. Pero esta disconformidad sólo puede ser real si se restablece la fuerza del espíritu. El hombre tiene que aprender a pensar y a ejercer su voluntad. En la medida en que crezca en ello, aparecen sentimientos insospechados que derivan del amor a la verdad y el bien. El amor a la verdad es propio de la inteligencia y es acompañado por sentimientos profundos con los cuales se incrementa y se ratifica. El que no ama la verdad ignora esos sentimientos que nunca le acontecerán. Tan sólo experimenta emociones que tienen que ver con la sensibilidad cuyo abuso lleva a la droga, el último recurso de la moral hedonista.



El hedonismo al sentir su insuficiencia vital, recurre a la exageración. De esta manera aparece una dinámica descrita por San Agustín. La exageración hedónica, con la que se confiesa que al hombre no le bastan los placeres sensuales, y a la vez que no está a su alcance el ejercicio de la voluntad y de la inteligencia, tiene una contrapartida muy clara, cuya experiencia acontece por ejemplo cuando se bebe demasiado: al día siguiente aparecen fuertes dolores de cabeza. Cuando uno come demasiado también se siente mal. Lo mismo en las relaciones sexuales, que cuando se exageran dan lugar al despecho y a la cosificación. Tratar a una persona como objeto de placer equivale a considerarla tan sólo como una cosa. La consecuencia negativa de exagerar los placeres sensibles se llama estragamiento. La sensación del estragamiento afecta al espíritu y al cuerpo y se hace más intensa cuando se está metido en la droga. En el caso del drogadicto el estragamiento significa que el sistema nervioso se estropea por completo.

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En suma, pretender guiarse por los sentimientos no es válido. Ni la filantropía, ni la frialdad que la sustituye, ni el hedonismo que se centra en los sentimientos superficiales son aceptables. Es preciso recurrir al amor a la verdad y a los bienes más altos, hacer crecer con hábitos positivos la capacidad de bien y de verdad. De esa manera aparece lo que cabe llamar afectos, que son movimientos más espirituales que los sentimientos, los cuales son más bien psicosomáticos. Los afectos tienen un matiz espiritual evidente porque son despertados por la verdad y la admiración. El amor a la verdad lleva consigo un sentimiento que el hedonista no conoce. La admiración une la verdad y la belleza. Cuando la verdad resplandece captamos la belleza. Admiramos y la admiración nos anima a seguir profundizando en la verdad. Un afecto positivo es superior a los sentimientos psicosomáticos.



La admiración sustituye con ventaja a la filantropía. La verdadera dignidad del ser humano es su carácter de persona. A la persona se la ama con un amor que lleva consigo el gozo. El gozo es un afecto espiritual que desconoce el hedonista, el cual siente placer pero no puede gozarse con una cerveza. El amor es un acto de la voluntad que se goza en la verdad del otro que es radical porque consiste en su realidad personal. El gozo va acompañado por un sentimiento positivo que seguramente es uno de los más importantes, a saber el respeto. El respeto evita esa degradación de la filantropía en vanidad y envidia de que hablan los moralistas escoceses. La conducta moral es moral en cuanto es guiada por la inteligencia y la voluntad. La admiración conduce en ultimo término a un sentimiento que acompaña a la adoración. La cerveza no se puede adorar. En la adoración intervienen la inteligencia y la voluntad que se dirige al Bien Supremo, que es el más admirable. Es preciso recuperar la experiencia de la adoracion.

No acometas obra alguna con la furia de la pasión; equivale a hacerse a la mar en plena borrasca. (Thomas Fuller).

SENTIMIENTOS



La cuestión más importante de la vida humana es saber con qué criterios se dirige a su propio fin, a su destino. Por tanto se han de examinar las instancias dinámicas del hombre capaces de alcanzar objetivos, así como los obstáculos que le salgan al paso o las dificultades. La conducta humana debe ser racional, es decir, guiarse por la razón. También debe obedecer a los dictados de las virtudes de la voluntad. Pero esto, por decirlo de alguna manera tiene que ver con los sentimientos. Sin embargo, no se conoce exactamente el puesto de los sentimientos, es decir de qué manera se relacionan con la inteligencia y con la voluntad.

Según algunos psicólogos, los sentimientos, especialmente los sentimientos profundos, son algo así como disposiciones que favorecen la actividad si son positivos o la inhiben, si son negativos. Por otra parte, los sentimientos son de dos tipos: profundos y duraderos, o superficiales o variables o intercambiables con otros sentimientos. Otros sostienen que los sentimientos marcan el enlace de las facultades espirituales con el sujeto humano, pero el asunto es más complicado. Los sentimientos son algo así como precedentes de ciertas direcciones del pensamiento, o de ciertos rasgos de la conducta, a las que suelen acompañar. En el supuesto de que aceptemos esta opinión que es algo vaga o amorfa, según la cual se da una cierta alternancia entre los sentimientos, los actos de la inteligencia y de la voluntad, conviene añadir que hay sentimientos más profundos que otros que dependen del estado de salud, de circunstancias corpóreas o de accidentes de la vida.



La importancia de los sentimientos reside sobre todo en su relación con la inteligencia y con la voluntad, y no simplemente como precedentes suyos, sino como derivados de las dimensiones activas del ser humano. Sin embargo, en nuestra época las facultades espirituales del hombre, la inteligencia y la voluntad, están desacreditadas. Por eso ha aumentado el relativismo, es decir, la opinión que niega la universalidad de la verdad, así como el control de la voluntad. Por eso, en nuestra época se concede un mayor crédito a los sentimientos; se acude a ellos por considerar que son lo que resta después de la duda sobre el alcance de la inteligencia y de la voluntad.

En esta situación, la diferencia entre los sentimientos profundos y los superficiales tiende a difuminarse. Al dudar de la capacidad intelectual del hombre y al rechazar la dirección de la voluntad hacia los bienes más altos, se duda también de que existan realidades superiores al hombre, y se incurre en el agnosticismo religioso. Este angustioso descrédito del sentido de la vida, induce a tomar como criterio de actuación a las vivencias más inmediatas, que son las sentimentales.

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La vida es corta, trabajemos como si fuera el primer día
perdonemos rápidamente
besa desmoderadamente, ama verdaderamente
ríe incontrolablemente
y nunca dejes de sonreír

por mas extraño que sea el motivo.
La vida puede no ser la fiesta que esperábamos
pero en cuanto estamos aquí, debemos sonreír y dar gracias...